Los libertinos montaron una auténtica orgía en el sofá y llevaron a los hombres al orgasmo.
Durante una de las fiestas se bebió mucho alcohol y nadie podía parar. Las chicas permitieron a sus amigos no sólo desnudarlas, sino también follarlas en diferentes habitaciones y posiciones. Alguien, justo en el pasillo, en el sofá, tenía una novia o novias en la boca, y alguien se retiró al dormitorio para plantar un gallo con una gorra de guarnición mojada. Cada uno de los libertinos consiguió lo que quería. Las guarras gemían, arqueaban la espalda y terminaban sobre las pollas de los tíos que no paraban hasta inundar sus coños de esperma.